Los residuos que salen de una casa, hotel, hospital, cultivo o cualquier otro establecimiento son muy variados. Estos pueden incluir plástico, papel, vidrio, cartón, baterías, químicos, material médico, comida y mucho más. Sin embargo, alrededor del 50% de estos residuos son orgánicos. ¿Qué quiere decir esto? Los residuos orgánicos se clasifican de esta forma porque son naturales y biodegradables. Su proceso de degradación es mucho más rápido a comparación de otro tipo de residuos, además, se convierten en materia orgánica, la cual puede volver a la tierra para aportar nutrientes a los suelos usados para cultivar, o a una escala más chica, para mejorar el aspecto de nuestro jardín o huerta casera.
Entre los residuos orgánicos podemos encontrar cáscaras de frutas, restos vegetales, alimentos, restos de cosecha, flores, cáscaras de huevo e incluso madera. Si no son tratados adecuadamente estos residuos pueden contaminar cuerpos de agua y la misma tierra, además de volverse un inconveniente por el espacio que ocupan y los olores que desprenden, una situación similar a la de los rellenos sanitarios. Según el periódico El Tiempo en Bogotá, capital de Colombia, el Relleno Sanitario Doña Juana recibe alrededor de 6.368 toneladas de basura diarias, un 51,2% son residuos orgánicos pero de ellos solo se aprovecha el 3,1% aproximadamente. Esto quiere decir que las posibilidades de generar materia orgánica útil se estancan en un relleno sanitario.
Otros municipios del país, mucho más pequeños, han tomado la decisión de cambiar el orden de las cosas y convertirse a un estilo de vida sostenible. Por ejemplo, en el municipio de Cajicá a escasos 35 km de la capital se ha implementado con éxito por más de una década un programa de separación de residuos. En las primeras etapas del programa repartieron a los habitantes folletos y realizaron talleres de concientización, adicionalmente los dotaron con canecas adaptadas para facilitarles la gestión.
Hoy en día los habitantes de este municipio esperan cada semana un camión dedicado exclusivamente a la recolección de residuos orgánicos que posteriormente es llevado a la planta de compostaje de Ibicol S.A.S. Allí los residuos orgánicos provenientes del municipio y de otras entidades se apilan y pasan por un proceso riguroso de alrededor de 12 semanas siguiendo el ritmo natural de la degradación. Las pilas son volteadas con maquinaria especializada e hidratadas cada cierto tiempo, son tamizadas y empaquetadas ya convertidas en abono orgánico Tenzel Compost, el cual luego es distribuido para nutrir los suelos de los campos agrícolas alrededor del país.
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